viernes, 14 de septiembre de 2012

EL PROTOCOLO: EL EJERCICIO DE COMUNICAR LA PROFESIÓN.


LA IMPORTANCIA DEL PROTOCOLO EN EL MUNDO LABORAL

Ahora es evidente como se perfilan nuevos criterios de valoración a la hora de seleccionar personal nuevo para una empresa. Los conocimientos y otras habilidades productivas ya no son suficientes garantías para obtener un puesto de trabajo. Frente a estos se anteponen las llamadas "habilidades sociales". A esta nos referimos cuando hablamos de la capacidad social de moverse de forma correcta en sociedad y en las diversas situaciones de la vida diaria.  Así dichas "habilidades" comienzan ser grandemente consideradas y empiezan a estar muy valoradas en las empresas. Es más, en empresas multinacionales, para medir esta capacidad, llevan a sus candidatos a comer a un restaurante, o simulan situaciones imprevistas para ver cómo reaccionan y se desenvuelven en estas circunstancias.

Impera en esta necesidad la importancia de la correcta profesionalización de los empleados en su trabajo y aun más resulta en la capacidad de educación que puedan poseer al respecto en temas imperantes como el servicio al cliente o trato con colegas y demás,  que vistan correctamente, que hablen bien, etc. Esto a que son la imagen de la empresa y en cierta medida, como la tarjeta de visita de una empresa. Esta asociación suele ser bastante habitual.

Un empleado, aunque él no lo crea, proyecta la imagen de la empresa que representa por donde va, o bien por la forma de actuar, y si se comporta mal, la gente pensará mal de su empresa, por la capacidad asociativa que comentamos anteriormente. Por eso de suma importancia resulta el protocolo y la etiqueta de los empleados de una empresa, desde sus ejecutivos hasta los trabajadores de cualquier otro departamento. El fin de esto es precisamente preparar a los empleados ante situaciones como: atender a un cliente de forma personal, atender una llamada, pasar una llamada, comer con algún cliente o proveedor, asistir a una presentación o acto similar, etc. En estas situaciones es donde se ve su "habilidad social" para poder desenvolverse con cierta soltura y corrección. Simplemente en una comida se puede valorar como se desenvuelve una persona con los cubiertos, con los alimentos, con las conversaciones, con los gestos, con la ubicación correcta en la mesa, etc. Se puede comprobar que tal se relaciona con los demás y como es de fluida y natural su forma de actuar.

Ahora si bien se debe valorar un empleado por ser un buen profesional, se debe tener en consideración su imagen y comportamiento en su relación con los demás. Un éxito o un fracaso puede depender más de un comportamiento, que de las aptitudes profesionales. Visto así es de profunda importancia la denominada “inteligencia social” que recurrentemente es observada y difundida en nuestros días, como principio de un buen profesional, al punto de definir su profesionalismo y capacidad en la manera como comunica esto a los demás y como puede dejar huella en quienes le rodean de manera sencilla y determinante.    

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